Triste y frágil figura, tez pálida y alma de trovador
Con un hilo de voz y sujetando la guitarra sin fuerzas, Antonio Vega se fue consumiendo poco a poco frente a un micrófono. Escalofríos y silencios provocaba mientras entonaba sus clásicos sobre el escenario.
Treinta años de dependencia y fuerzas para poder contarlo dan mucho de sí, especialmente cuando se refieren a un ser plagado de sensibilidad.
Antonio Vega Tallés (Madrid, 1957-2009) estaba mal hace mucho tiempo. La culpa, esa adicción a las drogas que se llevó a algunos de sus compañeros, como Enrique Urquijo. Sin embargo, él aguantó hasta el final. Incluso después de la muerte en 2004 de su pareja, Margarita del Río, que le hizo aferrarse a una tabla de salvación durante unos años y que le dejó sumido en la depresión después.

Nacha Pop, un clásico de la música y de la noche madrileña. Antonio Vega, una carrera musical desarrollada bajo la sombra de la heroína. Con una pudorosa y contenida discreción sobre sus problemas, contribuyó a que la rumorología le envolviera con esa aureola de artista maldito, que podía mostrarse cual genial poeta inspirado, como limitarse a figurar para cubrir el expediente.
Melancolía muda en un mundo descomunal.



Bomarzo dijo
Bonito. Muy bonito.
14 Mayo 2009 | 10:53