Siguiendo con los retazos asturianines, quisiera destacar nuestro acercamiento cultural y gastronómico al Concejo de Cabrales; y más en concreto a la aldea de Asiego. Una comarca de elevados picos nevados entremezclada con verdes valles y a tan sólo 12km del mar. Todo un ejemplo de los elementos característicos de la organización del hábitat rural asturiano.
Nada más llegar a los pies de Asiego (y digo a los pies porque aquello es todo caminito cuesta arriba) tuvimos un recibiento realmente divertido y otro muy, pero que muy entrañable. Y Gina Tost tuvo el detalle de registrarlo con su cámara. (Aviso a navegantes: aunque no se aprecie bien, bien del todo, hay mucho "movimiento sexy").
Si os habéis fijado, además de Yogui y Bubu, vino a nuestro encuentro Guillermina, la mujer más mayor de esta aldea de 102 habitantes. Una campesina y pastora toda la vida, que con 92 años se mueve con más soltura y vigor por aquellos parajes que cualquier urbanita de los que hasta allí nos acercamos.
Sus nietos, los hermanos Manuel y Javier Niembro, podríamos decir que son "emprendedores por amor a lo asturiano": a sus señas de identidad y a las tradiciones. Tuvieron la oportunidad de salir de su aldea y tener una buena formación, para luego optar por volver a su pequeño paraíso, al que consideran un museo vivo que merece la pena conocer.
Hicimos un abrupto recorrido (nadie nos advirtió de donde nos íbamos a meter y no íbamos adecuadamente acondicionados), nos explicaron la elaboración artesanal del queso Cabrales (con visita a una cueva de maduración incluida) y de la Sidra.
Y cerramos la excursión (más que nada por acallar los rugidos estomacales de algunos...Venga, vaaaaaaa, y el hambre de todos) con una suculenta "espicha": una acogedora celebración gastronómico-social que tiene lugar en un llagar. (Os estoy hinchando a tecnicismos, ¿eh?).
Hay muchas sensaciones que me son difíciles de transmitir (como cuando se abrieron las puertas del llagar, empezaron a sonar unas envolventes gaitas y nos pusimos en fila india para recoger cada uno su culín de sidra recién escanciado -y caído del cielo-).
Pero tras la comida y antes de despedirnos, los hermanos Niembro (arriba con sudaderas rojas) volvieron a sorprendernos. Bajaron las luces de la estancia y reprodujeron algo que venía a resumir todo lo que ellos nos habían querido transmitir: aquellos paisajes, su hospitalidad, los quehaceres de sus gentes y un buen sabor de boca.
En la penumbra nos arropó un audio-poema del asturiano Llorienzu Novo Mier (con el que yo también pensaba sorprenderos, pero que finalmente no he logrado encontrar :(

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