Anoche fuimos testigos -frente a una extraña tapa de puntillas con ajos tiernos y la consecuente sangría- de la transformación de un cumpleañero en una mezcla entre Vicky (cerquita estaba) el Vikingo y Obélix. Por el momento no estoy autorizada a hacer ninguna aportación gráfica. En cuanto el gran hombre vuelva en sí (del arzobispo), ya hablaremos. Igualmente: sigue disfrutando de tu gran día Pasty-Paste!!!