Sé que a algunos entusiastas les puede interesar lo que comenta Alejandro Elortegui en As:

No sé si a Robert Kubica le salvó la vida el HANS, la fibra de carbono mezclada con resinas de epoxy o la mano del Señor, hipótesis del milagro que también se maneja tras percibir que el polaco lleva grabado en el casco el nombre de Juan Pablo II, pero de lo que no tengo duda visto el castañazo es de que los circuitos urbanos son muy peligrosos y se deben prohibir desde ya, aunque con esta propuesta me cargue mi adorado GP de Mónaco o el futuro de Valencia (que adapten Cheste para la F-1). Este debate de circuito urbano data ya del año 1903 cuando la carrera París-Burdeos-Madrid fue suspendida al morir una decena de personas (incluido el piloto Marcel Renault), lo que dio lugar al nacimiento del actual concepto de carrera con la inauguración del circuito de Le Mans en 1906 y una prueba denominada 'Le Grand Prix'. El objetivo era proteger la vida de pilotos y espectadores.

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(Vía: menéame)