Hoy en clase hemos visto este artículo de opinión de José Antonio Marina del diario Las Provincias :

Según una reciente encuesta, los jóvenes españoles quieren ser funcionarios, es decir, sienten un miedo notable a competir y a emprender. Por esa razón, tardan tanto en independizarse. Muchos de ellos se han instalado en una ‘impotencia confortable’.

La universidad española —que por algo es funcionarial— fomenta la pasividad y disuade de emprender. Se enroca en una pedagogía del aprendizaje, que es receptiva, y no fomenta una ‘pedagogía de la acción’. Según la encuesta que menciono, disminuye la preferencia por un trabajo que suponga un reto o que implique un cambio en las tareas. Se valora sobre todo la seguridad.

Cada vez hay menos interés emprendedor para montar una empresa o un negocio: El ideal es ser funcionario. Es decir, el deseo de todos los padres —que su hijo tenga un puesto vitalicio— se ha convertido en deseo de los hijos también.

Hay un miedo a la novedad, al cambio, a la competencia, a no saber si se será capaz de enfrentarse a un reto, un terror a fracasar, que empequeñece la vida de muchas personas.

¿De dónde viene este miedo? En gran parte procede de algunas creencias que tenemos sin darnos cuenta, y que determinan nuestro modo de sentir.

Una de ellas es la idea que tenemos acerca de nuestra capacidad para enfrentarnos con los problemas. Dense cuenta que no me estoy refiriendo a la capacidad real —cosa muy difícil de averiguar— sino a la idea que tenemos de esa capacidad (...).

Si una persona está segura de que no va a ser capaz de hacer algo, acabará siendo incapaz (...).

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