Hemos llegado antes de hora y, como tantas otras veces, había hecho más de lo necesario: no me era suficiente con media cara.
No hacía falta ni pensar en que había que mentalizarse; son ya tantas veces...
Pero qué va, ni pensarlo. El reto -también en esta ocasión- ha sido ir viendo como pasaban todos y quedarse a observar (y alabar) los detalles.
Ni siquiera me he permitido imaginar cómo iba a salir antes de ser. Me he limitado a esperar y a confiar en que, en el momento indicado, lo haría correctamente. Total, los que allí estaban podían tener tantas o más dificultades que yo.
Me acomodo. Me balanceo un poco de derecha a izquierda y me percato de que no debo. Me encasqueto el cable en el lado contrario y me lo advierten.
Arranca el militar, le seguiría la de en medio y yo, mientras, espero.
Mi medio papel empieza a fluctuar y yo lo siento. Ni siquiera me preparo, y divago con la mirada al frente y a un lado.
Al menos no veo a los que están espectantes.
Me llega el turno. Mi mano tiembla. Sujeto el papel con la otra mano y se sigue bamboleando.
Agarro mi cuartilla fuerte con ambas manos en un intento de transmitirme a mí misma ese poquillo de seguridad que quiero aferrar al ver que se desvanece. Actúo y la rueda empieza de nuevo.
Pero no estoy satisfecha y el pulso sigue en aumento.
Me froto una mano sobre el pantalón vaquero. Agarro la media hoja y bajo mi otra mano hasta el pantalón para intentar que deje de moverse.
Mi turno se vuelve a acercar. Cojo hoja, suelto hoja. Con una mano, con la otra. Cojo hoja, suelto hoja. Me temo que su inestabilidad se está haciendo a todos patente.
Me toca, separo las manos y suelto las hojas sobre la mesa. Sólo dejándolas reposar en mi regazo podría seguir un hilo coherente.
Supero el primer párrafo, y es cuando agarro de nuevo el papel fuertemente con las dos manos y hasta el final.
No ha sido una sinfonía de Beethoven, pero no me he vencido.
Veredicto: "hay que valorar ese esfuerzo que has hecho al recoger las hojas de la mesa cuando has sentido mi mirada inquisidora en ti por haber roto el protocolo".
Vaya. ¡¡Y eso que mi campo visual no incluía esos ojos!!!Simplemente lo he hecho, porque está en mí y sé que puedo.
Quiero creer que lo mismo le sucederá al médico las primeras mil veces -por lo menos- que sostenga en su mano un bisturí ante un enfermo.

Me ha gustado mucho... supongo que dentro de unos años lo recordarás con cariño, como la primera vez que hiciste el amor o todos los pequeños y encantadores defectos que tenía cierta persona.
¿O acaso no son esas las mejores cosas de la vida?
Un beso!
Muchas gracias Javi, y también porque debes de ser de las pocas personas que se han detenido a leer esta impresión de lo vivido.
Aunque he de decirte que con la poca memoria que tengo...Espero sólo acordarme de los detalles buenos!!!
Muy contentos por tu vuelta y por animar tanto esto.