Saddam Hussein (69 años) ha sido ejecutado a las 4 de esta madrugada, hora española (6 de la madrugada, hora iraquí).
"La pena de muerte es signo peculiar de la barbarie" (Victor Hugo)
"La horca ha puesto fin a la vida del dictador tras un juicio calificado por muchas organizaciones internacionales como una farsa sin ninguna garantía judicial".
M. Atitar de la Fuente ha hecho una gran cobertura de lo que ha sido la vida de "un déspota megalómano que pasó de ser aliado de EE.UU a ser su principal enemigo".
La televisión estatal iraquí, Al Iraquiya, ha sido la que ha ofrecido las pimeras imágenes de la ejecución. Saddam se negó a ponerse la capucha que es habitual en los casos de ahorcamiento y subió por voluntad propia la escalerilla hasta la plataforma desde donde iba a caer después de haberle puesto la soga.
Sin embargo, la muerte de Saddam no hace más que abrir un nuevo capítulo en la crisis que vive el Iraq.
Quiero incluir un comentario que ha hecho Pedro en Guerra y Paz porque en pocas palabras extrae una genial conclusión sobre este tortuoso proceso:
Ya le ha dado Bush hijo a su padre la cabeza de Saddam. Sin quererlo, han hecho un mártir. Ya que no pudieron condenarle por lo de las armas de destrucción masiva, le condenan por algo que les da exactamente igual a los estadounidenses, la matanza de los kurdos. Sólo lo han usado como pretexto en esa parodia de juicio digno de una república bananera. Qué vergüenza, dejan un país destrozado. Mientras, alguno de los valedores de la invasión, recogiendo los réditos con Murdoch.

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